Archive for enero, 2014

Sobre viajar en el tiempo.

About Time

Siempre lo he dicho. Viajar en el tiempo es tan fácil. Los jesuitas me enseñaron una técnica infalible (vamos, tampoco es un invento de los jesuitas, es más algo de naturaleza humana que ellos simplemente incorporan a sus ejercicios), y es «revisar cómo ha sido tu día» antes de dormir. Es como ver fragmentos de lo que te ha pasado y ver qué ha sido bueno o no tanto. Llámelo «espiritualidad ignaciana» o simplemente «recordar es vivir», cuando hacemos esa revisión podemos rehacerla (en nuestra mente, por supuesto) y pensar qué palabras hubieran sido mejores, qué actitudes pudieran haber sido más proactivas, qué cosa no vimos en el momento que nos hubiera ayudado a comprender mejor una situación, etc.

Básicamente es lo que nos propone About Time, de Richard Curtis. Un chamo de 21 años descubre que puede viajar en el tiempo, según le confiesa su papá. Las reglas son sencillas: solo puedes viajar al pasado, no al futuro. Puedes ir a sitios y momentos en los que hayas estado personalmente (es una premisa que rápidamente se vuelan, jejeje, pero bueno), y debes usar el viaje para hacer que tu vida sea como quieres que sea (ojo con el dinero, ojo con el mínimo esfuerzo, ojo con el amor). Es decir, es un método aplicable en la vida misma, sin necesidad de mucha tecnología y efectos especiales. Quizá por eso esta película no entra en género de ciencia ficción y se queda en los terrenos hermanos de la fantasía.

En principio se nos presenta como una historia romántica del joven y el amor de su vida, pero pronto descubrimos que es más que eso. En realidad las historias de viajes en el tiempo van de poner nuestras experiencias en perspectiva. No se puede cambiar el pasado, pero puede recordarnos el camino que hemos venido recorriendo. Se trata de cómo decides vivir tu vida en el presente y el legado que dejas. Prometido algún nudo en la garganta y algunas lagrimillas, cortesía de Bill Nighy, mientras entendemos esto último. ¡Feliz viaje! 🙂

Blue Jasmine

Acabo de ver Blue Jasmine. Lo que siempre me ha gustado de las películas de Woody Allen son sus personajes neuróticos, algunos más divertidos que otros, pero todos ellos tan comunes, tan parecidos a cualquier vecino o a nosotros mismos. Confieso que me gustaban mucho más las películas que el mismo Allen protagonizaba y exploraba (o explotaba) sus propias neurosis. En este caso la neurótica es Cate Blanchet.

Cate Blanchett in Blue Jasmine

Jasmine es una «viuda» que ha vivido siempre en una gran burbuja de riqueza y gran clase, como si el lujo lo fuera todo, con un esposo multimillonario al que cree honesto, filántropo y fiel. Despreciaba todo lo que según su percepción era una vida ordinaria y de poca monta, que para efectos de esta historia, es su hermana adoptiva (que curiosamente, Jasmine también lo era). Pero, ¿qué pasa cuando la burbuja se rompe? ¿Tiene cómo enfrentar la realidad?

Las burbujas pueden protegernos. Posiblemente nos hemos inventado alguna si nos han herido, en algún momento de inseguridad, o tal vez en otro de ambición. No voy a decir que son lo más sano, pero son mecanismos de defensa. El problema es cuando Jasmine intenta salir de una burbuja para inventarse otra. Si en la primera burbuja dejó que le mintieran para mantener sus ambiciones y sustentar sus delirios de grandeza, busca construirse otra burbuja mintiéndose ella misma, y a los demás. El resultado puede ser tan abierto como la historia que nos cuenta Allen (de hecho, siento que no nos está contando realmente una historia, sino tan solo la construcción de un personaje y su contexto)

Uno de los personajes secundarios tiene un parlamento que me gustó mucho. Augie, un hombre «simplón», ex-cuñado, quien perdió todo su dinero estafado por el esposo de Jasmine le dice: «Algunas personas no dejan pasar las cosas tan fácil«. Con las burbujas es fácil, pero por ahí puedes quedarte fuera de la realidad. Como dice la canción de Santiago Feliú, «toda tu vida corre el peligro de vivir lo que quieres creer«.