Sobre viajar en el tiempo.
Siempre lo he dicho. Viajar en el tiempo es tan fácil. Los jesuitas me enseñaron una técnica infalible (vamos, tampoco es un invento de los jesuitas, es más algo de naturaleza humana que ellos simplemente incorporan a sus ejercicios), y es «revisar cómo ha sido tu día» antes de dormir. Es como ver fragmentos de lo que te ha pasado y ver qué ha sido bueno o no tanto. Llámelo «espiritualidad ignaciana» o simplemente «recordar es vivir», cuando hacemos esa revisión podemos rehacerla (en nuestra mente, por supuesto) y pensar qué palabras hubieran sido mejores, qué actitudes pudieran haber sido más proactivas, qué cosa no vimos en el momento que nos hubiera ayudado a comprender mejor una situación, etc.
Básicamente es lo que nos propone About Time, de Richard Curtis. Un chamo de 21 años descubre que puede viajar en el tiempo, según le confiesa su papá. Las reglas son sencillas: solo puedes viajar al pasado, no al futuro. Puedes ir a sitios y momentos en los que hayas estado personalmente (es una premisa que rápidamente se vuelan, jejeje, pero bueno), y debes usar el viaje para hacer que tu vida sea como quieres que sea (ojo con el dinero, ojo con el mínimo esfuerzo, ojo con el amor). Es decir, es un método aplicable en la vida misma, sin necesidad de mucha tecnología y efectos especiales. Quizá por eso esta película no entra en género de ciencia ficción y se queda en los terrenos hermanos de la fantasía.
En principio se nos presenta como una historia romántica del joven y el amor de su vida, pero pronto descubrimos que es más que eso. En realidad las historias de viajes en el tiempo van de poner nuestras experiencias en perspectiva. No se puede cambiar el pasado, pero puede recordarnos el camino que hemos venido recorriendo. Se trata de cómo decides vivir tu vida en el presente y el legado que dejas. Prometido algún nudo en la garganta y algunas lagrimillas, cortesía de Bill Nighy, mientras entendemos esto último. ¡Feliz viaje! 🙂
